Los bienes raíces siempre han sido el puerto seguro. Es donde las familias guardan lo que construyeron: tangible, en pie, suyo. Los mayores lo dicen mejor:
“Nadie se lleva un edificio a la espalda.”
Pero cargan con un problema: una propiedad no se vende el mismo día. Eso es iliquidez. Para resolverla, muchos inversionistas recurren al mercado financiero, que es líquido y flexible, pero no tiene la seguridad de lo que es real y está construido.
Volvimos varias veces a la misma constatación incómoda: por sí solo, ni el activo más seguro de América logra, de forma confiable, mantenerse por delante de la inflación. Abajo, en este orden: por qué tener una sola cosa dejó de bastar, qué construimos en su lugar, cómo trabajamos y reportamos, y quién responde por ello.

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